26.1.06

La ventana derecha

La ventana derecha
tiene el tamaño exacto
del cielo de la sierra
de los ecos de voces
del verano
de un pascuero hipnotizado
de los aires que huelen a polen
de Eric Satie y de Uccellini saliendo a ver qué pasa
de risas por nada
del silencio en la humareda
de la luz que atardece
de pilas de libros recortados
de un árbol con nido y otro con flor
de mi alma

(Para Silvia y Ruth)

15.1.06

Música en el Metro

Dos solistas y gran orquesta. Profesionalidad en automático. Ropa de escenario al despuntar el día. Haydn. Nadie aplaude. La gente tiene las manos llenas de paraguas, bolsos, periódicos. Sonrisa de escenario. Y ahora, Brahms.

Un hombre mayor. Con partitura, afanoso. El clarinete, haciendo de solista en una pieza para violín y orquesta. Justo yerra en la entrada de su parte. A cualquiera le pasa. En la orquesta, cualquiera se equivoca.

La escalera va subiendo la intensidad de la dulzura. Lentas notas en buen francés. Al voltear la esquina está Yves Montand cantando al oído de una mujer pálida.

Chillones acordes y una voz intempestiva. La gente que leía levanta la vista, incapaz de concentrarse. En la próxima estación continuaremos con esta página. Pero si miras, a que pones en la gorra… Sólo mira esa señora de sonrisa azul.

Alegría brasileña. ¡Los genes del baile se despiertan! Risa, risa floja. Pasan dos atardeceres iluminados con velas y colorines de fiesta en la playa hasta el andén.

Una flauta de pastor. Sola. Como un niño loco jugando a tejer el aire, un hombre flaco va sacando hileras de notas cálidas de la madera, las hace vibrar y girar, torcerse, desaparecer de un soplido. En medio del estruendo de la gente que pasa, también loca.

Es de noche afuera, pero el día reluce sin fin en el escenario. No hay hora de la comida.

11.1.06

Fuerzas ocultas

El tiempo se ha detenido junto con el movimiento del tren. Delante del Primo y de los demás hombres del pueblo la física de las palancas se confunde con las leyendas de las fuerzas. Las palancas hacen mudas prácticas de magia. ¡La locomotora se mueve! Arriba, atrás. Sobre la mano de ese hombre. Para no conjurar el hechizo, los hombres aplauden, sentados en muda hilera, abriendo los ojos y las bocas. Las mujeres huyen despavoridas.

8.1.06

El mercado negro

Oh cuántos hay, y estarán hasta la tarde, o más. Rapidito, traé la mesa, que yo me quedo aquí. Saca la mesa y también el mantel. Aquí, al lado de doña Candi. Estos hombres dónde estarán. ¿Al otro lado del tren? Ya. Ya están casi todas las vecinas, ay. A ver, qué tenemos. El sikuri del Abuelo. Mi mortero. Qué más. Qué les gustará a estos gringos… El gorro de lana del Primo está muy usado y eso les gusta, pero no lo querrán. Tenemos la llama. Nadie ha puesto eso. Vení, chica, escribe en español: “Asado de llama”.

Conciencia

Que esta gente del pueblo tan buena haya descarrilado… ¿El alcohol? ¿Y los del tren, tan apresuradamente para irse en los camiones, en esa movilidad tan increíble? Una foto, para que me crean. ¿Cómo caben? ¿Qué hacen con los aguayos? ¿Y con los niños? ¿Sin agua? Claro, sólo unos gringos se creerían que el ferrocarril mandará ayuda… Que la gente puede cortar los caminos en unas horas. Claro, el alcohol. ¿Que este pueblo se convertirá en un pueblo fantasma ahora que el tren no para más aquí?