5.8.06

Los globos voladores

A Cándida, la hormiga del Parque Infantil, siempre le andaba en la cabeza esta pregunta: ¿Adónde iban los globos que se soltaban de las manos de los chicos?

Un día hubo un gran festejo en el Parque y, como final, se anunció una suelta general de globos. Cándida decidió subirse a uno de ellos para averiguar por ella misma el secreto de los globos voladores.

Le costó algo de trabajo ascender por la pierna de uno de los chicos, escalar por su cuerpo, trepar por el hilo; pero al fin llegó arriba de un globo verde.

Los globos fueron soltados y Cándida se bamboleó un poco en el suyo, pero enseguida aprendió a mantenerse. ¡Qué cosa increíble era volar en medio de una manada de globos!

Un globo amarillo iba primero y dos globos rojos comenzaban a retrasarse. Menos mal que Cándida no había subido a ninguno de esos dos.

La tarde era soleada, con pocas nubes, y el aire se sentía limpio y fresco. Los globos subían y subían, y ya la Tierra comenzaba a verse como una pelota de fútbol.

Cándida comenzó a tener un poco de miedo. Había pasado la zona de las nubes y no lograba ver a los otros globos, aunque suponía que seguirían volando sin alejarse demasiado entre sí.

¿Hasta dónde sería este viaje inacabable? ¿Cuál sería el destino de su globo verde? El silencio era total, nada se oía, ni siquiera soplar el viento. Cándida comenzó a pensar en su hormiguero, en todas las cosas que había dejado…

Pero en eso oyó hablar a alguien con palabras potentes y claras. ¿Qué decía? Prestó atención y escuchó que el Sol le gritaba a la Luna, con su gran vozarrón de fuego:

- ¡Querida, querida…! ¡Prepará la mesa que ya llegan los chicos!


(Hasta ahora no había copiado nada pero esto es irresistible. Es de Oche Califa)

Julio madrileño

las nieves de polen ventilan los caminos
las navidades aparecen en los suburbios
y el ocaso enciende al rojo las cocinas
y recrudece en las noches de arena