21.4.07

hoy

Hoy voy a verte de nuevo. Me estoy preparando.

17.4.07

Compré un libro

Compré un libro en internet para mi tesis. Me ilusionaba que llegara el correo un día cualquiera, como en Madrid, con el paquete… sólo que más lento, claro: lo compré en febrero y estamos en pleno abril.
Efectivamente, el sábado llegó el correo, pero para comenzar una especie de ceremonial o rendez-vouz: mi libro está en la aduana y debo rescatarlo de allí. Debo ir munida de la tarjeta bien formal que me dejaron, llena de datos, y mi pasaporte.
¡Me hizo tanta gracia ver tanto respeto, que entiendo tan perfectamente! No sé si logrará imaginar el lector: en primer lugar, un libro, un buen libro, y nuevo; en inglés; llegando desde el extranjero. No sé cómo me acostumbré tan rápido en Madrid a que hubiera libros así por todas partes.
Puedo hacerme un tiempo mañana tempranito; me vestiré con un poco de esmero e iré a la aduana. No es cuestión de andar despreciando la reverencia y cortesía del empleado que me atenderá. Y tampoco es cuestión de despreciar mis propios sentimientos: será mi primer libro comprado en Salta…

15.4.07

Ex-bebé prelingüístico

Estaba hablando a larga distancia con mi madre, y sonaba detrás la Pichulina, con su vocecita de pichoncito cantor: "¡Coni, Coni!". Parece que andaba con una foto mía.

Me la pusieron al teléfono. "¡Pichu, hola!". Silencio. Le soplaron: Decile a la Coni cómo se llama tu señorita. Es que la Pichu ya va a la guardería. Entonces comenzó a hablar y hablar, todo seguido, y yo por supuesto no entendía nada.

La novedad es que a la chiquita se le ha destrabado la lengua. Yo ya la había visto en enero "diciendo cosas" mientras jugábamos a tomar el té con unos cubos, así que no me sorprende. Todas las versiones juran que el día anterior la Pichulina había contestado, ante una propuesta (de comer o algo así), "No, tasia", lo cual fue interpretado unánimemente, por supuesto, como una educada negación.

Los cuentos fresquitos de la Pichu me servirán para ilustrar a Piaget dentro de tres semanas...

[Pilar, 23 meses]

12.4.07

Estos pelos

Recordé mucho a AnaCó hoy al salir de la peluquería, tan satisfecha. Acabo de saber que Ruth también estuvo en estas aventuras por estos mismos días, y no dejó de alegrarme la coincidencia. ¡No iba a cortarme el pelo desde noviembre! No lo veía tan mal, pero como ya se sabe que renovarse es vivir, pedí al peluquero que diera forma además de cortar las puntas, ... y que de ahí en más hiciera lo que le pareciera mejor: cerré los ojos y dejé hacer. Ahora estoy estrenando flequillo.

2.4.07

Trabajo conjunto

Estoy otra vez en el MAAM. Trabajé varias horas con Claudia, Analía, Luisa y Valeria: escribimos el resumen de un trabajo para un congreso. Desde el otro lado de los Andes estuvo presente Carolina, que es tambien autora de este trabajo conjunto. Seguiremos comunicándonos por mail.
Yo aprendí mucho hoy y me dio mucho gusto este rato. Ahora sólo espero que nos aprueben la propuesta los organizadores y lleguemos a colgar nuestro poster...

1.4.07

Crol

Me tiró al agua una tabla. Traté de evocar la primera, la última vez que usé tabla: no me acordé de nada. “Te apoyás con una mano en medio y vas con patada lateral. Sí, así”. La pared derecha iba pasando: una columna, otra más. Delfines, tortugas y tiburones iban por detrás, como una flecha, chapoteando, con rictus de dolor o cara de gloria. En los últimos metros de los cien no podía avanzar ni un centímetro y las piernas iban inevitablemente hacia abajo; llegué a la orilla y me apoyé sobre un chorro de agua caliente para desentumecer la espalda hasta que volvió la instructora. Venía de una mañana dura en el Ministerio y toda la tarde tuve atención de alumnos en la Universidad. “Muy bien. Vas de nuevo cien metros. Con este ejercicio tenés que lograr darte cuenta de cuál es la posición en la que tenés que sacar la cabeza para respirar”. Intenté traducir para mí: key words: posición supongo que del cuerpo; dominar la cabeza; respiración. “¿Apoyaste la cabeza en el hombro?”. No, me parece que no. ¿Así? “Sí. Adelante”. Voy a poner la misma mano en la tabla, y cuando vuelva pongo la otra. Sí, apoyando la cabeza queda el cuerpo bien extendido y es mejor. Llegué bien, y otros cien. “Ahora escuchame”. Atención. “Vas con una mano y das seis patadas. Uno, dos, tres…”. La instructora reproduce el movimiento del agua al contar, lentamente. “Pasás la cabeza por debajo [del agua] y apoyás la otra mano. Y uno, dos, tres…”. Otra vez. “Sacás la cabeza y respirás, y uno, dos, tres, … seis”. Ahí vamos. Al intentar pasar la cabeza debajo de la tabla tragué agua y me ahogué como los chiquitos. ¡Ea, a qué niveles estamos volviendo! ¡Tengo que aprender a respirar debajo del agua! Me parece que la instructora dijo que tomara aire con la nariz y soltara debajo con la boca. Vamos a probar: una amplia inspiración y me metí en el agua. Era imposible ir contando al mismo tiempo, de modo que confié en mi instinto para el ritmo y me concentré en inspirar arriba y soltar el aire con la boca. Tragué agua pero no me ahogaba, podía seguir y no salía del asombro. Al volver ya podía ver las líneas que marcan las calles debajo del agua. La instructora me hizo un gesto de aprobación. Cien metros más. Pensaba que aprender a respirar en el agua tal vez me ayude a tener más resistencia al cantar cuando llegué a la orilla. “¿Te has dado cuenta que así se nada crol?: uno, dos, tres…”. Vamos, sin tabla, a hacer caso: cómo es ahora esto del crol. Una brazada amplia, con el codo bien libre como me enseñó la otra instructora. Dos. Tres, y sale la cabeza a respirar… Y respiré como siempre he respirado en el crol, tomando aire con la boca. Abajo, soltando el aire despacito. Uno, dos, tres: arriba esta vez por el otro lado, el que nunca había salido, y tomar aire. El hombro se liberó como me dijo Raúl, el otro instructor, y gané lentitud en el movimiento. Uno, dos, tres… Aire. Izquierda otra vez; derecha arriba. Sin apenas esfuerzo llegué a la orilla y me sonreí. Recordé a mi madre llevando a su patito a nadar a lo del Señor Martínez, al fondo de la calle. No me había venido ese recuerdo en tanto tiempo. Regresé nadando igual, tomando el aire más profundo. En vez de la emoción del descubrimiento había ahora un gran cansancio. “Tenés un bonito estilo. Muy bien”. No importaba que respirara de otra forma: cada uno elige la que le viene bien. Ahora, a nadar espalda. Mirando las estrellas.