29.6.07

Anastacio Mamaní

Anastacio Mamaní ya ha vuelto al cerro. El sol mañanero lo va saludando mientras sube el cortejo. Anoche lo velaron en la ciudad, con luz eléctica, bajo unos tules; pero el tufillo familiar de la leña lo acompañaba, y su mujercita y los hijos, llorando por dentro, y la gente del pueblo, arropada bajo mantas. Su madre lo hizo rezar como a los niños dormidos, trazándole la señal de la cruz: en la frente, el pecho, los hombros, los labios para dar un beso. Él mismo había rezado despacito: "Concédeme por su intercesión el favor que te pido: que Dios me perdone de mis pecados". En el hospital lo amortajaron como de casamiento. En el fondo los médicos ya sabían el final desde que abrieron, al ver, aparte de la infección, los rastros de la comida del minero, golpes de la vida, alguito más. Cerraron y dieron un calmante pero quién sabe si Anastacio distinguía el dolor. El día anterior estuvo trabajando y se sintió mal. Avisó al patrón y se fue hasta la salita de salud; le dieron allí un medicamento para los retorcijones por mala digestión. Volvió a su casilla pedaleando. Algo hubo de pasar para que lo llevaran al hospital grande, entre la oscuridad. Pero ya no es de noche y no hay neblina; la tierra de colores está abierta para recibirlo otra vez, al ritmo de las chajchas, la zampoña y la quena que suenan, suben y bajan por el cielo de la puna, invisibles, en medio del silencio.

17.6.07

Au revoir

Como sabes, mi blog no es muy sofisticado, sólo está hecho para la recherche por medio de la escritura y la comunicación.

Si fuera de verdad una bitácora debería contar más (y mejor):
- que empecé a marcar tarjeta por las mañanas (ahora soy empleada de planta del Ministerio de Educación),
- que comenzaré a dar un curso optativo en la universidad,
- que gracias a una certera indicación para el estilo espalda subí a 900 m mi marca para los 50' de nado,
- que ahora digo "pues" espontáneamente -esto es, como hace cualquier salteño-,
- tengo el corazón todavía lloroso por Alicia, la primera amiga de la infancia que se me va al cielo (aunque ya sé por qué justo triunfó Boca, qué cosa, esta Alicia sigue haciéndome reír...),
- que es una risa ser peatón en mi Salta querida y estoy viva aún sólo de milagro.
Recuerdo más cosas pero no las escribiré, que me da pudor.

Pero estoy en trance de tesis. El trance será laaaaargo así que debo ir probando alternativas. Sólo te aviso que intentaré no mirar el blog en unos días. Au revoir: pienso que volveré en dos semanas.

16.6.07

Un pez volador

Yo sólo copio:

Nadamos en el agua como peces contra la corriente, ésa es nuestra vida agitada en contra de las adversidades. Este pez que hoy les habla, saliendo de su mar conocido, experimentó sentimientos especiales cuando se le propuso intentar dar algo lindo a niñitos que, por el dolor de estar enfermos, tienen las caritas tristes, pero ante todo mantienen la esperanza.

Cuando me disponía a ir al Hospital de Niños consideraba tarea fácil lo que iba a hacer: ¡un cuentacuentos!; pero todo lo que creía se desvaneció en el momento en el que llegué al lugar. Tenía en mi cabeza elaborada una estrategia de acción, sobre una sólida visión de lo que esperaba lograr y con la convicción de tener lo necesario para completar la tarea; “tarea”, así llamaba a lo que iba a hacer. Un sentimiento raro me embargó de inmediato; quizá el ambiente frío y cálido a la vez cambió mi perspectiva, me sentí muy nervioso, no sabía ya qué hacía en el lugar. ¡Por fuera no mostraba mucho, creo! Dentro de mí las emociones eran ubicuas, fluidas y esquivas, y se me hace difícil enumerarlas; a pesar de ello identifiqué algo parecido al miedo, pero no porque considerara que el lugar era peligroso, sino porque me vi a mí mismo como fuego, ­que a veces es útil en el lugar adecuado y en el momento propicio, pero también puede ser perjudicial si se da en la situación equivocada y escapa a nuestro control­: este era mi miedo.

La tarea se transformó y no se definía ya como tal, se convirtió en interacción, en una relación de afecto que debía lograr establecer. Es aquí cuando entendí el objetivo de todo esto. No se trataba de ser bueno o malo, sino de estar con los otros, no para solucionar sus problemas -eso sería difícil, ya lo creo-, sino para acompañarlos: ése era el objetivo

Sabiendo que para los niños se necesitan argumentos de concreción inmediata, y toda la acción debía ir dirigida a darles seguridad psicológica y prospectivas existenciales tranquilizadoras, lograr que la aceptación de la realidad se abriera a los valores positivos de la vida, al optimismo, a la alegría de recibir aquello que nos toca, aunque sea malo. Todo ello me llevó a valorar lo que se puede lograr con sólo un poco de ingenio, con unos títeres, con actitud, templanza y ganas, además de habilidad, que fue lo que vi en mis compañeros -tal vez a mí me ganó el nerviosismo, porque cuando practicaba yo solo me salía bien, pero de alguna manera lo hice, lo mejor que pude en el Hospital-.

Al empezar la función, percibí en los niños una mirada de asombro hacia mi títere, tal vez por los colores y por su forma. En el transcurso del cuento que conté, vi chicos que sonreían, otros que no me prestaban gran atención, seguramente por sus edades, ya que nuestro público tenía muchos pequeñitos. A otros les parecía algo atrayente, aunque la situación en la que estaban, de obligada inmovilidad, los retenía; pero no se querían ir. Las sonrisas de otros, creo que conmovían de manera grandiosa, seguramente hasta a las personas más egoístas.

Comprendí que el débil enseña y aprende, que la negación o aceptación de la enfermedad son actitudes que pueden ir y venir, que es normal que uno rechace las limitaciones y sufrimientos, y que aceptarlos supone esfuerzo y virtud. Siguiendo con mi relato, al momento de la despedida, un niñito con síndrome de Down se acercó a mí y abrazó a mi títere, con tanta fuerza que sentí que yo era el abrazado. En ese momento contuve la respiración y sentí que estaba en el lugar indicado, y que lo que hacía, bien o mal, le servía a alguien, que con todos sus problemas estaba ahí dando cariño. Para mí fue increíble que personas en apariencia tan susceptibles me dieran una lección que me capacitó un poco más para vivir, a querer la vida un poco más. Vi mi creación abrigada por una criatura tierna que no sabe de malicia. Comprendí que se habían acortado las distancias entre sanos y enfermos, conocidos y desconocidos. Con cada sonrisa de los niños recordé el dicho: “Pon amor donde no hay amor y sacarás amor”.

Así fue un día de cuentos con lenguajes elementales y niños deleitándose. Seguramente dejaban volar la imaginación a partir de la magia que tenían inscriptas las palabras, satisfaciendo sus necesidades de fantasía. Los cuentos fueron breves, sencillos en sus argumentos y en el significado de las palabras. Aún los más pequeños consiguieron una inmersión en la belleza y el misterio del arte: de la música, de los títeres en movimiento. El tiempo que les pude dar fue un tiempo de juego, momento extraño en el que las normas de la vida se suspendieron y recreábamos un nuevo mundo con reglas alternativas, inventadas por nosotros.

Los peces no conocemos nada más allá de lo que somos y de donde somos. Pero algunos peces descubrimos que al hacer mucha fuerza se puede dar un salto y descubrir el riesgo de ver otro mundo; volar a la superficie, sentir cómo en el aire y en el mismo lugar dejamos nuestra huella, que, aún borrada, se ve, porque queda impresa en nosotros mismos.


C.P., 20 años
Voluntario de El Pez Volador

11.6.07

Sé que estás ahí

El silencio sólo puede ser inquietante si no hay confianza: de modo que puedes entrar y salir de aquí sin dejar rastro, ya lo sabes.

Confiaré del todo en ti.

(¡Qué gracia, escribir esto tan evidente!)

10.6.07

Avances

El viernes tuve una hora y media para volver sobre el índice de la tesis que había dejado en febrero. Avancé mucho e insistí sobre el impreso, pensando por la calle y garrapateando en el ómnibus. Estaba todo muy macerado. Estuve esta mañana sacando, sobre esa base, el añil de mis pensamientos, hasta que casi dolió. Me parece que el título ya es firme y que las direcciones generales están bien, y hablaré de ello este viernes; intentaré acordar una reunión para discutir mis tareas experimentales; ya sé a quiénes y qué preguntas haré esta semana por e-mail; debo ponerme, cuando pueda, con el material que me dio mi hermano sobre aleaciones.

Pero hay algo más importante: escribí, de modo provisional, brevemente y con primor, la página de agradecimientos de mi tesis. Sé que la conciencia que late ahí cultiva el árbol cuya semilla aún no conozco y que está creciendo, silencioso, en algún lugar bajo el sol calentito del cerro.

9.6.07

Paseo cultural

Ayer entré en un mercadito de mi ciudad y sin quererlo dí con el lugar donde se surten de condimentos todos los bolivianos que viven aquí. En medio del pasillo había un montón de mesas con gente comiendo: familias, parejas ensimismadas, grupos de amigos riendo, muchachitas. Me dio la impresión de estar en una especie de shopping o algo así.

Cuando pude recuperarme y comenzar a preguntar por mi objetivo ví que en algunos puestos, en medio de las pilas de especies, había unas piezas como de barro de las que se venden en la calle Murillo de La Paz para que usen los brujitos aimaras, canastas pequeñas con los elementos básicos para challar, papas deshidratadas, muchos tipos de habas. Más cosas que no sé decir qué son, pero puedo reconocer.

La señora del puesto 6 me enseñó la receta de la sopa de maní, tipica de Tarija. Puso en blanco los ojos al hablar de esa sopa pero coincidió en decir que es muy pesada: no sé si me atreveré a hacerla. Tal vez un día frío, como recuerdo de Chacaltalla...

2.6.07

Backstage

Me costó cuatro semanas escribir sobre Milagros.

Los primeros siete días tuve que luchar con el recuerdo de ese olor que no conocía antes pero comenzó a formarse, súbitamente, con la combinación de distintas sustancias, dándome cada vez ganas de llorar.

¿Cómo decir la magnitud del desastre de esta niña sin proferir (muchas) palabras chocantes?

Y sobre todo, la pregunta: ¿por qué me costó tanto mirarla a los ojos? Al cabo del tiempo encontré una respuesta para mí, aunque no la escribí. Me alegré de verdad por Milagros cuando hice mi pequeño descubrimiento; aunque no creo haber terminado de descifrar el enigma, claro.

Mayo fue una batidora y no me hacía tiempo para postear esta historia pequeñita. Pero por suerte ya escribí: poder poner en palabras fue interpretar, modelar la historia, dar forma al recuerdo con el que yo misma quise quedar.