26.10.08

La llorera

Sólo se dio cuenta después, cuando terminó, que ya no era más que la sombra, o quizás la luminosa estela de sí misma, que se le había secado la fuente, que ahora sólo era posible revivir su fluir por una flor que ayer cortaron, por el agradecimiento que se le olvidó, por esa película que ya ha visto por enésima vez y sabe que tiene final feliz.

19.10.08

los ganadores

Lucas, el títere pelirrojo, se fue a dormir a su bolsa (una bolsa de papel). Quedamos en suspenso: ya conocemos ese silencio expectante. Entonces comenzó la parte final de la función. Además de constituir un paso propiamente escénico, sucede que mis alumnos necesitan identificar a los chiquitos que han observado y saber las edades, de modo que hacemos un concurso en el que tratamos habitualmente que gane la mayor cantidad de gente posible.
El viernes había empate porque dos niñas se llamaban Lourdes, pero sólo ganó una (la próxima vez si tenemos suerte incluso quizás tengamos varios empates). Nos pasó esto justo con una de las Lourdes.

***
-Usted, señorita, ¿cómo se llama?
-Lourdes (amplio movimiento de satisfacción al decir su nombre).
-Muy bien, qué lindo nombre. ¿Y cuántos años tiene?
Vacilación. Levanta la mano derecha, los deditos se mueven sin mucho control y con ayuda de la otra mano aparece un apretujamiento. No se ve bien, tiene que poner la mano más arriba para que podamos contar: uno, dos, tres, cuatro dedos.
-Dentro de poco voy a cumplir así.
-A ver, ahora tenés así... (pongo una mano de "tres años").
-No, no. Ahora no. No sé. ¡Dentro de poco voy a cumplir así!
Vuelve a mostrar los cuatro deditos firmamente sujetados por la mano izquierda y se ríe. Nosotros, claro, también; mis alumnos de Psicología del Desarrollo no han perdido detalle.