30.11.11

Subtravelling

Durante unos meses hubo un festival internacional de cortometraje en el Metro de Barcelona. Ahora se puede ver imágenes de la entrega de premios. Todo rapidito. "Si parpelleges, te'l perds!"

29.11.11

Barroco

Tenía desde hace tiempo una entrada única y baratita comprada por internet para ir al Palau de la Música Catalana. Llegué de la facultad justo para darme una ducha, ponerme las mejores de entre mis tres pilchas y maquillar de un plumazo; saqué la basura y corrí al metro. Pude pensar un poco en el tren, viendo la impresión de mi entrada: The King's Consort y el Orfeó Català. Llegué con unos minutos y entré al foyer, lleno de gente tomando café y moviendo tickets y carteras. Me sentí a gusto. Al tocar el primer timbre hubo un movimiento general y muchas personas hicimos fila para comenzar a subir a la sala. Advertí entonces que mi lugar sería asomada encima del escenario, dando la ilusión inaudita de formar parte del pequeño pueblo de cantantes e instrumentos barrocos que dirigía inolvidablemente Robert King. Mis queridos se darán cuenta de que sin saberlo me había preparado durante años para ese rato ahí. Tengo la impresión de haber asistido a un Bach de referencia en la historia del Palau pero lo más importante para mí fueron los acordes que el barroco abrió en mi corazón (donde habían estado siempre), que no te contaré.

21.11.11

Proust y la facultad

La charla estaba animada: Marga, David, el otro David holandés, un profe que no conozco. El mozo -el de siempre- me trajo café. Se equivocó, y en vez de traerme cortado me trajo café. Al primer toque recordé vívidamente que estaba allí y que yo era la misma, la que nunca había dejado de ser (pero, al mismo tiempo, una espectadora), comprendí que de alguna forma no ha pasado ningún tiempo desde entonces.

16.11.11

míticos

La relectura de Más allá de la modularidad me remitió a un artículo de AKS de 1979 en Cognitive Science. No lo encontré con texto completo en la biblioteca virtual y fui entonces a la hemeroteca, que no había conocido aún. Pregunté cómo acceder a las revistas y una bibliotecaria me contestó sin pestañear en un cerrado catalán, que comprendí perfectamente (para mi sorpresa); la señora me fue llevando mentalmente por todos los pasos que debía dar para encontrarla primero en la web de la universidad y luego en los estantes, que son de libre acceso. Me interné en los pasillos, aún más silenciosos que los de la biblioteca, y comenzaron a aparecer series de revistas ordenadas alfabéticamente por títulos. C. Cognitive Science, 3 (tuve que buscar el número siguiendo la pista de las páginas, que correspondían al número 2). El volumen 3 corresponde al tercer año en que se editó esa revista: 1979, oh. Hojée el índice. Además del de AKS había artículos de P. N. Johnson-Laird sobre problem solving y de J. W. Getzels sobre problem finding. Otra vez, conocer fue, de alguna forma, recordar (ahora quizás diría: redescribir).


Otro día pasaba rápida para irme de la biblioteca y vi, en el estante de devoluciones, Principios de neurociencia de Kandel, Schwartz y Jessell, muy ajado por el uso. Me quedé de una pieza.  Había visto en internet que lo venden a más o menos 150 eur y no sabía cómo imaginármelo. Miré el índice y después el capítulo final, brevísimo y sorprendente, y uno muy extenso en el que me parece que Kandel cuenta sobre el descubrimiento que le valió el Nobel. Ya sé con quién hablaré del último capítulo.

8.11.11

laboratori

Antes de llegar a mi reunión desahogué los nervios mirando carteles en un pasillo: Laboratori de Percepció Visual, Laboratori de Memòria i Raonament, Laboratori de Llenguatge i Pensament, Laboratori de Neurociència Cognitiva, Laboratori d'EEG y potencials evocats, Processos Cognitius, Laboratori de Psicopatologia del Llenguatge, Realitat Virtual, Laboratori de Psicologia Social. Escuché que en un laboratorio había música, y oí que cambiaba la música; vi desde una puerta entreabierta que otro gabinete estaba oscurecido y en una de las paredes se proyectaban una pregunta y un cursor. Todo me pareció a escala humana.

3.11.11

zamioculcas

Podría ser cualquier cosa pero es la planta que tengo encima del escritorio. Viene de Madagascar y tengo que hablarle en francés para que me entienda.

2.11.11

rooibos

Ya me subía por las paredes, después de tres días y medio metida en mi casa trabajando por motivos que no vienen al caso. Adelanté un montón con tanta concentración es cierto, pero llegó a dolerme la cabeza por el encierro y la falta de vida social. Adquirí la valiosa experiencia de que esto no se hace así. A última hora de la tarde cerré mi cuaderno. Ya estaba bien peinadita (me cuidé el pelo estos días aunque estuviera sola) pero me di una repasada, me perfumé y maquillé ligeramente y salí a la calle. La tarde era dulce de otoño y me desabrigué un poquito para sentir la brisa. Fui directamente al negocio que atiende una señora china al frente de mi casa, al rincón de los enjoyamientos: buscaba unos pendientes de perlas y encontré unas de lindo color y brillo. ¡Y también una tira de perlas bien enhebradas! Total: 3 eur por la enjoyada nueva y la sensación de que me estaba volviendo el alma al cuerpo. La señora china estaba con su niño, como de la edad del Martincho. Le pregunté cómo se llamaba el chiquito y la señora escribió "Qinua" y luego unos ideogramas. Me hizo sonreír ampliamente, le agradecí todo y me fui. Cruzando la esquina hay un gimnasio y al fin entré a preguntar qué clases dan. Hay todo tipo de clases, te matriculás y podés ir a cualquiera en muchísimos horarios. Hay también clases especiales de tai-txi, ioga y dansa del ventre, que ya están completas. Todavía no puedo inscribirme por esos motivos que no vienen al caso pero ya tengo todos los datos para hacerlo, espero que la semana que viene, para ir bien tempranito a hacer stretching. A continuación fui al super. Mis últimas comidas fueron bastante ingeniosas y terminaron de vaciar la despensa. En la tesitura de tener que comprar materia prima para cocinar empecé a mirar las cosas habituales, las de mi rutina de las compras. Me paré en seco y sonreí al pensar: ¡no, señora! ¡Por supuesto que hay que comprar otras cosas! En vez del apreciado queso brie, gouda con comino; en vez de yogur, cuajada; en vez de pollo, conejo; en vez de cubitos de sopa de verdura, de pescado; en vez de té de té, té de rooibos. El té de rooibos me acompaña ahora mientras escribo estos apuntes poco líricos. Le viene bien ponerle azúcar, sólo un poquito. El rooibo, informa el envase, es una planta procedente de Sudáfrica que se ha popularizado en Europa por su delicioso sabor. À votre santé!