25.3.14

La plaza

Gente con ropas claras y volátiles por aquí, por aquí. Muchos perros. Un grupo de niñas vestidas con trajes iguales, como de baile; otras niñas con el mismo traje y sus mamás. Perros, tantos perros. Y palomas en el piso o cruzando su descenso, desorientadas y extrañas. La señora con vestido de fiesta y el pelo mal teñido envuelto en un rodete dice algo al oído. Un hombre desorbitado. Suena música frente al cabildo y entre los árboles se asoma un techado de telas azules. Dos chicas jóvenes prueban grandes instrumentos de metal detrás de los mástiles. Hombres sentados esperan; alguno tiene un sombrero. Una pulcra pareja de clara tez bronceada habla entre sí y mira al frente al caminar. Otra mujer levanta las cejas y sonríe

22.3.14

El raig

No podíem saber res abans de l'uniò amb el raig i la seva obsessió profunda, no.

Foudre

On ne pouvait pas rien savoir avant la joindre avec la foudre et sa profonde obsession , pas.

13.3.14

Otra vez

En cualquier momento quedamos otra vez escribiendo canciones en el agua, sacándonos la ropa mojada y andrajosa.

9.2.14

Conflicto epistemológico

Hoy, como habitualmente los domingos a la mañana, leí Le Monde en su versión digital y encontré un artículo interesantísimo sobre la propuesta y estudio de un tratamiento para prevenir el autismo, de origen francés y publicado hoy en Science. El diario parisino ofrecía un video con el reportaje que hicieron para esta oportunidad al Dr. Ben-Ari, el principal investigador, que contaba allí con detalles precisos y cerradísimo francés. Como suelo hacer en estos casos, compartí la noticia en Facebook casi de inmediato. Y casi de inmediato quedé embarcada en una especie de conflicto interior simple y profundo, de consecuencias tal vez importantes y que no daré a conocer ahora (el planteo de cuestiones aparentemente académicas tiene a veces para los académicos connotaciones personalmente inquietantes, ya se sabe). Fui y volví varias veces por mi muro, sin importarme ser vista en ello. Y como en defensa propia, por algún motivo me di cuenta después que debía sacar lo que había escrito de esa plaza tan candorosamente pública; también caí en la cuenta de que quiero dedicarte aquí esos mismos pensamientos, en los que me expreso, como habitualmente, haciendo uso de gran cariño. Copio:


Tengo un conflicto epistemológico: no llego a darme cuenta si en realidad está bueno para ustedes que pase información como ésta. Supongo que puede ser "cómodo" para alguna persona, pero que en realidad al simplificar excesivamente a veces se pierde lo que es importante y quien no sabe de primera mano corre el riesgo de banalizar y usar irresponsablemente la información. No quisiera contribuir a un punto de vista así. Se puede notar, en distintos terrenos, que no es poco frecuente que se cometa toda clase de barbaridades por simple ignorancia y cuando el tema es importante esto puede ser terrible. En todo caso sería deseable que cada uno, con su limitación, pudiera ver (y juzgar) por sí mismo: ello dejaría al menos a salvo cierto carácter progresivo, "no milagroso" y sumamente trabajado de la ciencia. De verdad defiendo que es duro y lleva mucho tiempo llegar a darse cuenta qué es lo relevante acerca de cualquier cosa. Deseo dejar constancia de que el punto de vista de los padres de los chicos con autismo, por ejemplo, es irreemplazable en este sentido: ellos, más que nadie, saben qué es lo relevante respecto de muchos aspectos del autismo. De todos modos, pienso que la divulgación científica sí es valiosa: y en este sentido, más que lo que escribí antes yo, habría que leer Le Monde (o, mejor, Science), o escuchar al investigador que informa. Lo que está más claro para mí es que compartir, más que una rutina "ingenua", es una vía para comprender mejor lo que me interesa.

5.2.14

Pero

Pero no estoy convencida de nada de lo que escribí esta mañana después de esa charla nocturna tan rara. La tarde de tejer plácidamente y en silencio para un bebé me ablandó los sesos de nuevo, supongo, y puedo pensar ahora que las cosas no son en blanco o negro; además de grises, hay colores preciosos para todas las paletas. Salud per tutti.

Hijoputismo y educación

Mi tesis central es que el hijoputismo se enseña y aprende. Puede tener algún componente innato (cosa discutible) pero al parecer se adquiere habitualmente, y a veces con esmero, como segunda piel en los años de la infancia, en el hogar, y se pone a prueba y consolida en la adolescencia. De modo contraintuitivo, parece totalmente compatible con sentimientos e ideologías con etiquetas de intachable moral.
Y aunque no todo es influencia externa -se podría esgrimir- y la voluntariedad de cada persona está en juego en cada paso ("es hdp sólo quien quiere serlo"), quien se comporta como hdp podría estar siempre muy comprometido con la particular visión del mundo que le ha formado su propia historia, me temo (que es una de las versiones válidas de "es hdp sólo quien puede serlo"). Cada uno ve con sus propios ojos, ya se sabe: el hdp, con los suyos, y ahí va por la vida. En fin.
Un punto diferente es su posible relación con el constructo "clases sociales": punto sensible y polémico si hubiera alguno. Llego hasta aquí.

19.1.14

El hombre sabio

Conocí al fin un hombre sabio*. Un hombre joven, que organizó una fiesta de tango en la legendaria casa de su familia en Tafí del Valle, dominando el paisaje. De todo como en botica: con autenticidad en la sonrisa del huésped: prosapia de la tucumanidad más auténtica, recibiendo a mochileros y tangueros varios**. Cada cual en su casa y Dios en la de todos: no. Todos con C.  A. Sin más condición que cierta autenticidad, y, quizás con ello, cierta elegante comprensión hacia unos y otros. No vi cosa igual en todas mis largas vidas. Sopa y fideos como expresión de una generosidad difícil de igualar: ver para creer. Hay cosas que no se improvisan. Al hombre no lo abandonó su sonrisa en todo el tiempo, en los dos días seguidos, sin descanso, que duró la fiesta***.

  

* Y el hombre, sin querer, confesó: "El tango te salva". De qué te habrá salvado a vos.

** Supongo que en este momento es la comidilla de las sras. de rubia cabellera y anteojos oscuros que ahora mismo puedo ver, desde este observatorio de café, compartiendo chimentos frescos y poniendo los puntos sobre las íes.

*** Yo abandoné la fiesta en las horas más profundas de la noche, sin embargo, y me fui a dormir (en carpa, todo hay que decirlo) como la persona mayor que soy.

13.1.14

Utopía

La utopía quizás sigue funcionando entre nosotros como uno de los males necesarios y busca periódicamente levantarse, en su aparente ingenuidad, contra el sentimiento de fracaso y el cinismo. Y se aparece rampante como una de las facetas de las fiestas.
Las fiestas, esa "celebración no cotidiana de la cotidiana celebración de la vida" en las antiguas palabras de Pieper según las recuerdo. Es casi lugar común: si no se celebra la vida, no se celebra (y quizás se padece) la fiesta.
Mientras tanto, la utopía parece funcionar casi en automático, como por necesidad fisiológica. Con la cuenta cultural del tiempo, se hace cíclica, como las estaciones y los años, en el calendario de las fiestas. Como oportunidades para ser quien no se es, como se quisiera ser siempre, eternizando alguna forma de felicidad o haciendo actos simbólicos profundamente necesarios. Intersticios voluntarios en el correr del tiempo. Así, además de la necesidad personal, las culturas y las sociedades se encargan de inventar ocasiones para la fiesta. Challando o con besos en el muérdago, cerveza irlandesa o fuegos de artificio, quemando recuerdos, dando regalos. Que los comerciantes se aprovechen o haya interpretaciones à la lettre, demasiado ingenuas para bien o para mal, es otra historia. Pero no me parece culpable ni culposo vivirlas, todas las fiestas que se pueda, con intensidad. Eso incluye tal vez empatizar con las fiestas de los demás y convertirlas, en lo que cabe, en propio y personal motivo de reconocimiento y gozo, con doblete por compartir el reconocimiento y el gozo. Se las podría ver, sencillamente, como algo humano, natural y cultural a la vez.
Supongo que cada cual vive la fiesta como es. Los niños, como niños; las madres, como madres; los gritones, como gritones; los golosos, como golosos; los resentidos, como resentidos; los ilusos, como ilusos; y así, siendo tal vez varias cosas al mismo tiempo. Pero es bonito que la fiesta y su liberación del ensueño utópico, al mismo tiempo, pueda crear cierta condición necesaria para el cambio. Si se está dispuesto a cambiar, claro.

7.1.14