17.2.08

Ibáñez

Aparentemente todo fue muy rápido. Ibáñez avisó que se sentía mal pero igual montó y encaró al primer puesto. No pudo más, llegó a la tierra sudando frío, con una palabra amorosa despidió al tordillo, los ojos recuperaron la firme serenidad. Las manos, de tamaño prodigioso y habilidad para todos los oficios del campo, no se movieron más y esa fue la señal: nunca antes habían dejado de trajinar.

6.2.08

Todo se aprende

El asunto más difícil ahora es cómo bajar los cordones de las veredas. Después de un mes de fisioterapia reaprendí a caminar y ya llevo una semana de andar otra vez hacia el trabajo, pero todavía no capto teóricamente si el movimiento es como cuando se camina normal o cuando se baja una escalera, y prácticamente a los pies les da igual, se quedan indecisos en las esquinas de las calles. Por suerte Mariela, que ha pasado por las mismas y este verano se fue de mochilera a Macchu Picchu, me asegura que cuando ha pasado el dolor ya es todo cuestión de paciencia y ejercitarse. ¡Hasta bailaré otra vez! Eso espero :)

3.2.08

Reencuentro

¡Por suerte no se me pasó nunca por la mente tirar mis libros de música! Saqué Invenciones a dos voces de J. S. Bach y abrí la última página que había dejado hace años. Los dedos recordaron con naturalidad todos los pasajes -incluso cuando no estaban escritos- cuando reconocí el terreno varias veces lentamente, con manos separadas; primero muy legato, probando su firmeza y la agilidad para las escalas, la justeza del tempo en los silencios, y luego lo hice de nuevo, più mosso, con staccato en las corcheas como debe ser. Bastante bien. Me atreví entonces a leer los dos pentagramas juntos. Como en la pieza, sencilla, las manos se contestan entre sí y en el eco y la reacción adquieren su propio sentido, las dudas que tenía mi pobre izquierda se fueron resolviendo, una a una. Al final surgió un suspiro, de tanto recuerdo amontonado.