31.1.13

Micumán

Te mando, con bastante emoción, el capítulo que acabo de terminar de escribir, que es un fruto de estos días en Tucumán. Lo hice en gran parte gracias a los mimos del cariño que me están dando y al que yo estoy poniendo para cuidar chiquitos, hacer pan de anís o sacar a pasear el perro. También a estar haciendo gimnasia casi cada día y comer siempre con gran apetito. Después de tomar un poco de aire comenzaré otro análisis que quizás lleve a una sección similar a ésta. Faltará otro capítulo de resultados, que ya tengo bastante escrito y podré terminar después de viajar unos días a Buenos Aires. ¡Gracias, infinitas gracias por todo el apoyo!

29.1.13

trenza de anís

(un pan grande)

150 ml de leche
25 g de levadura de cerveza
1 cucharadita de azúcar
1 cucharada de harina común
300 g de harina común
1 cucharada de anís en grano
50 g de margarina
1 huevo
75 g de azúcar


- Calentar la leche a punto mamadera. Incorporar la levadura y deshacer. Agregar una cucharadita de azúcar y mezclar. Espolvorear una cucharada de harina. Tapar con un repasador.
- Poner en un bol la harina y el anís. Añadir la margarina; unirla con la harina deshaciéndola con las puntas de los dedos. Formar una corona. Poner en el centro el huevo y la preparación de la levadura, que ya ha de estar lista para usar. Formar un bollo blando uniendo toda la harina, sin amasar.
- Pasar la masa a la mesada con apenas un poquito de harina. Disponer en forma alargada y hacer dos cortes para dar la forma de trenza. Dejar levar.
- Precalentar el horno mediano. Se puede pintar la masa con agua y azúcar o con huevo.

22.1.13

el pez tejedor

"El pez tejedor" quizás es la única canción del mundo que no está en Youtube. Lástima. Algo ha de tener: los chiquitos me hicieron cantarla ayer diez (10) veces seguidas antes de dormir.

21.1.13

musicofilia

Me consoló enormemente traer música a Martincho: un cd con las canciones de María Elena Walsh. Estaba inquieto cuando comenzó a escuchar pero pronto se quedó quietecito y sonrió ampliamente. Mi madre dice que este chiquito es de los más musicales de la familia.

16.1.13

un índice por favor

No llego a saber si soy en verdad blanda como el caramelo a punto bolita dura o dura como el hierro caliente. O si sólo lo estoy.

Pedro y el Lobo reloaded

"Pedro era pastor de ovejas. Casi todas sus ovejas eran blancas", contaba Lucas.
"Había una oveja roja", agregó un niño.
"Con pintitas amarillas", atinó a seguir Lucas.

15.1.13

touché(e)

La señora alemana que tose por siempre jamás durante un concierto son y serán todos los seres anónimos y limitados cuyas hazañas sólo podrían ser relatadas por Cortázar en un mal día parisino. Loas a los que se desgañitan por sonarse y aclarar la garganta durante el intervalo pero no consiguen más que, a la hora de la hora, ser vencidos. Loas eternas a la señora que sólo tosió una vez.

7.1.13

valiente

No está muerto quien pelea, dijo el valiente bonsai por enésima vez.

6.1.13

Y te miro

I
Recorriste milímetro a milímetro
el largo camino hacia mi casa,
volviendo al revés los pasos torpes.
Me vieron tus ojos
quizás
(rápidos como la flecha del viento)
pero quien me alcanzó
de golpe
fue tu corazón
(tu expresivo corazón de niño)
y yo te miré venir
y llegar,
dejar tus arreos en la puerta
mientras traías con vos sólo la risa
y yo te miraba y te miraba,
sorprendida en pleno día, en plena noche.
     Y te miro.

II
La puerta se abrió y mi sorprendida mano
calló de repente.
Entraron primero los ojos y la risa
y las palabras se cruzaron.
No supe bien si yo decía tus palabras
y las mías salían de tu boca.
Quizás.
O sólo había un río de palabras
abrevadas largamente
como las aguas lejanas de un desierto,
claras, frescas.
Salía una palabra nueva
desde el fresco amparo de los siglos.
Y la palabra era torrente cristalino
de sonidos pequeños
y silencios.
La palabra era un silencio pequeño
que se abría a la luz y reposaba.
Así te vio mi voz:
como silencio en el día,
como guardián feliz
del oscuro sol de mediodía.
Al fin escuché llegar tus pasos
lentamente.
Los escuché lentamente
y me volví: habías llegado.
Y te vi.

III
Se abrieron mis ojos
por dentro
y vi tu voz clara
entre la niebla oscura del silencio.
Te vieron mis ojos
claramente.
Se abrió una palabra
y te di mi voz.

1.1.13

realismo mágico

Madrugada del 1 de enero: al sanatorio con mi mamá para cuidar al Martincho, que está internado. Niño dolorido, lloroso, irritable, niño al fin; hice lo que pude, lo juro. Justo después de haber desorbitado (otra vez) mis deseos, sin palabras para expresar lo inefable en la búsqueda de una palabra que defina lo que hace falta para ser feliz, y de haber saludado cuanto quise, sin privarme ni de la alegría ni del dolor. Me hacía falta la ficción del año nuevo, como tal vez me haga falta ahora desorbitar la confianza. Adelante, mis valientes.