28.12.07

los pollitos

Mientras escribo la Pichulina trae, uno detrás de otro, sus pollitos de madera, me rodea de un lado y otro, me dice "Hola, Coni", "Etos títtedes", habla con los pollitos, me cuenta algo que no entiendo y se ríe ruidosamente, "Etos pollitos etán... ¡perfectos!", "Mire, Coni". Es que estuvimos hablando antes de los títeres de dedo: ella tiene dos y yo estoy de viaje pero claro, viajo con mi titiritaje. Tengo varios títeres de dedos tejidos de la Puna, para contar cuentos: de pez, de tortuga, de liebre, de pato feo y cisne. Ella dudó un poquito, se miró las manos, miró sus títeres y me los prestó. Me parece que allí comenzó nuestra amistad: hasta ahora mucha sonrisita pero no me había prestado nada, y me dio los dos, todo lo que tenía. Un diálogo sin desperdicio: "¿Tenés tus dedos?", "Tí, aquí...", "El perro se pone así, sí. Ahora vamos a contar un cuento".

***
Que este episodio tan corriente me suceda justo hoy es totalmente significativo. Otra vez, escribo para no olvidar.

16.12.07

La buena estrella

Este es el recuerdo que necesitaba y vino justo hoy

7.12.07

Bendas (y II)

Todo esto es de hace un montón así que ya no vale, pero había dicho que lo escribiría. Estábamos en que mi sobrino Nacho desde el verano estuvo organizando bendas*, es decir "lugares donde se bende ". También se puede decir que se bente, porque como todo el mundo sabe, la palabra viene de bentas.

Las bentas se hacían con folletos de promoción, especialmente dedicados al papá y la mamá. Cuando tenga un ratito para escanear te pongo uno y verás qué cosas estaban a la benda.

Na también se dedicó con todo éxito a las "exhibiciones de antigüedades" (sin versión escrita). Consistían en colecciones de papeles cortados con la mano, esmeradamente ilustrados y con nombres también escritos a mano por el pequeño curador: por ejemplo, había un ejemplar de "fuego".

* Hace unos meses Nacho se pasó a la "v"; me parece que como consecuencia del 8 en Matemáticas...

5.12.07

The Bookers

Writer, typewriter, editor, designer, typographer, drawer, proofreader, printer, webmaster, reader

(Un montón no están, ya sé: publicistas, traductores, vendedores, bibliotecarios, regaladores, prestamistas, profesores, alumnos, críticos, mirones de escaparates... Podríamos poner más, ¿no? Parece que alrededor de cada libro hay como un pueblo)

2.12.07

Lecturas

Lección uno. "19:08; si camino rápido llegaré a hacer el trámite por teléfono antes de las 19:30".

Lección dos. "¿Son las siete?", "Sí".

30.11.07

Coquena

Diz que dicen que Coquena vigila la Puna, que no duerme, que le gusta disfrazarse e irse por ahí, que protege a los pastores buenos y a los animales.

25.11.07

Domingo de campo


Cámara, en un recodito del Valle de Lerma

17.11.07

Rueda de auxilio

Ine me pidió auxilio: en honor a la amistad tuve que ser maestra de cuarto grado por una mañana. Me ocupé de cuatro niños y cuatro niñas de una villa miseria cercana al cerro. Antes de comenzar a trabajar les di un pequeño desayuno. Me trataron con ese afecto típico de los chicos que se nota, por ejemplo, en la marca del esfuerzo por la prolijidad en medio de invariables errores de ortografía. Ine me había mandado ocho caramelos para el recreo. Ellos lo pasaron jugando al fútbol y saltando al elástico; yo, haciendo sana-sana (mojando mágicamente la cabeza, claro) a un chiquito que se golpeó, y luego estudiando con un ojo). Sabían bien las tablas de multiplicar pero no qué es la multiplicación, oh. Cantamos un poquito.

¡Ahora todos los sábados a la mañana incluirán la tentación de ir a reemplazar a Ine!: no podré, qué pena.

9.11.07

La deslumbrante lógica

Traje para leer La lógica considerada como semiótica (ed. Sara Barrena, 2007). Anoté contactos con mi propio trabajo y el de otras personas y me hizo pensar, pero el gran asombro fue cómo Peirce logró conmoverme. Luego de indicar con bastante detalle las líneas maestras de su apasionada investigación de cuarenta años, en este escrito -convertido ahora en libro- completa el cuadro de una desesperada petición de ayuda económica para poder concluir su labor en lógica y que su obra fuera publicada. El anciano pone como garantía su propia biblioteca, indica que no será indolente en el trabajo al que desea comprometerse. A la vuelta del tiempo la negativa de la Institución Carnegie aparece como un increíble absurdo, sólo mitigado por la lógica previsión del mismo filósofo: "Tengo que confesar que si la Institucion Carnegie rechazara toda cooperacion, yo continuaría estando animado por una fe robusta en que de algun modo mis resultados serían dados al mundo; y estoy del todo satisfecho de que esa fe esté lógicamente justificada".

4.11.07

Nubes

Había en el quiosco un número de pintura sobre E. Munch con una reproducción de El grito en la tapa. "Oh, estoy muy embrutecida", pensé, "desde que estoy aquí sólo he ido a una exposición de fotografía. Mañana entraré al Metmuseum...". Sonreí. Pasé el resto de la tarde terminando unos trabajos.

Hoy volé a New York -via Google, of course-, vi qué exposiciones temporales hay, elegí la de Rembrandt. Y aparecieron las nubes, mis nubes, las que veo cada día al subir la montaña hacia el Grand Bourg temprano por la mañana, las de la tarde rumbo al norte, recortándose entre los cerros, las del atardecer.

Las mismas.

22.10.07

Gallina lejos

Al recibir el mensajito quizás hasta dije eureka: "Profe, ya terminó la función [de títeres en el Hospital de Niños], creemos que salió bien, cantamos con los chicos y todo".

14.10.07

Sexto sentido

Me volví al escuchar gritos desde la otra vereda. La niña en brazos -¿dos años?- me señaló y trató de mover la cabeza de su madre para que mirara hacia mi bolso negro. No sé cómo se dio cuenta: Lucas iba dentro, es cierto, pero estaba dormido.

6.10.07

La lluvia

El miércoles por la noche me ilusioné al salir de clase: había en el aire presagios del olor de la tierra mojada y una brisa suave, pero sólo cambió el tiempo, abruptamente, hacia un calor insólito. Salí al jardín y los rosales, llenos de botones, dijeron que ellos también están están esperando que llegue la lluvia. Con el agua todo será nuevo y comenzará el año otra vez.

4.10.07

flequillo

Sin dudar casi me corté el flequillo yo sola por la mañana, tempranito antes de ir a trabajar, con la tijera para tela; no me daba el tiempo para pensar en ir a la peluquería y ya tenía medio tapados los ojos. Resultó una brevedad agradable, aunque como suele suceder con las cosas nuevas me dio un poquito de susto dar el paso y mostrarme. Por varios días estuve escuchando cosas sobre la renovación del flequillo. Cande, que no me conoce mucho pero es observadora, quizás dio en la tecla: "es... como una mezcla de Audrey y rolinga". Es evidente la parte que me gustó más: ¡qué suerte parecerme en algo a la Hepburn! (aunque ella en realidad usaba su flequillito despeinado). Una noche sentí que varios alumnos estaban quedando fijos en el mismo punto y conté la versión rolinga para cortar el hielo; se rieron conmigo y seguimos la clase tan tranquilos pero ninguno desmintió e incluso Cristian bromeó después sobre Mick Jaegger.

23.9.07

Pan de jabón blanco

Las esquinas de la placa para horno de aluminio no estaban para más espera. Recordé y por suerte tenía todo: pan de jabón blanco (el de lavar ropa, que huele regular pero deja las cosas más blancas si las dejas húmedas en remojo al sol) y virulana, para frotar suavemente en forma circular. La espuma quedó gris y el alumnio visiblemente mejor, pero tendría que ponerme con eso más veces: es lento recuperar la limpieza de la esquina de un cacharro de cocina. Si lo hiciera como hoy todos los días, en un ratito cada vez tal vez estarían siempre como nuevas, qué cosa.

13.9.07

"Usted"


La Picu corrió y me dio el abrazo más fuerte que pudo. Pero me trató de usted ("Mire", para que viera su juguetito); me explicaron que lo usa sólo para algunas personas. Quizás lo heredó de mi madre, como yo. Nos sacamos unas fotos. Ella sí que sabía posar, diciendo quiqui, quiqui para salir con su mejor sonrisa.

6.9.07

La prueba de Matemática

Nacho se sacó diez en Informática (todavía no logré que me digan en qué consistió la prueba) y ocho en Matemática. Cuentan que el cálculo estaba bien pero falló la ortografía: puso "nuebe" y "beinte". Plas. La alfabetización cultural va llegando sólo lentamente...

2.9.07

Batido multiuso

Alicia me pasó hace tiempo una pequeña receta -he de confesar que la acepté porque le tengo confianza. Se trata de un batido, súper estelar para acompañar un menú de sandwiches sencillos.
 
No hace falta ni anotar:
Poner a batir la proporción que necesites de 1 litro de leche, un sobre de polvo para hacer jugo de limón o naranja y hielo molido.
 
Lo hice anoche. Al efecto lo ves en las preguntas de la gente: ¿Le pusiste crema de leche? ¿... o dulce de leche? (!!) Me parece que tiene papaya... Me reí escuchando las hipótesis, y sólo después develé mi secretito.
 
Yo sólo agregaría a la receta que se haga muy de tanto en tanto, para dar lugar al olvido, tan importante cuando se trata de menús. Y que en la Argentina iría bien para un té de verano o un high tea.

29.8.07

viva viva

por suerte abrí el mail
dieron hoy de alta a tu hermano

viva viva
a brindar ahora mismo
a empezar de nuevo todo lo precioso
gracias gracias

gracias

25.8.07

El escritor

Nacho escribió con toda propiedad que fue a bueno saires: es exactamente como se pronuncia.
Y que le gustaron, entre otras cosas, el supde (el subterráneo, el "Metro") y el obelisco. Dibujó así el obelisco:


Me encantó la preciosa descripción; ¡ojalá salga escritor! Antes de sumergirme de nuevo entre el trabajo le contestaré. (Mi hermana me dijo que él ya tiene otra carta lista para mí).

18.8.07

Esto recién empieza

MARÍA LAURA
Dice Nacho que le gusta recibir cartas.

YO
Entonces decile que me escriba.

Las dos sonreímos con la misma sonrisa, ampliamente. Ante tamaña revelación, tan clara, inesperada y natural, la conversación debía cambiar de tema, y así fue.

Escribí a Nacho en cuanto pude. Le di unas pistas firmes para que no tuviera dudas al contestarme con su primera carta (al fin está aprendiendo a escribir): ¿cómo le fue en su viaje a Buenos Aires?

Despaché desde el pequeño local de Correos del Ministerio y pedí al empleado que pusiera por favor estampillas de colores.

12.8.07

Tricot

Mi madre me dio toda una alegría cuando me contó esta mañana que el chaleco que tejí para Nacho cuando cumplió un año ahora ya pasó, sin parar, de la Pichulina a Lourdes. En un chaleco de batalla color cemento, con el remate de una virolita blanca en medio de los elásticos. (Vi ese detalle en la vidriera de un negocio súper caro para chiquitos, claro; pero puse de mi parte botones en uno de los hombros, para que la cabeza pase sin problema). Lo pueden usar un poco más de un año.

Como estoy tejiendo ahora un saquito para la hija de Trica, tamaño 2 -2 a 4 meses- sin ayuda de indicaciones escritas, le pedí ayuda para calcular el largo de las mangas. Aprovechó para comentar que había dado bien el largo de talle: a los bebés hay que abrigarles la panza.

5.8.07

Mirá

Entonces hubo un golpe de viento. Enmudecimos y levantamos la vista todos juntos. Iba una lluvia de hojas secas, cayendo para arriba por el cielo, todas juntas, igualitas a un árbol remolón y dorado volando en dirección a los cerros. Un soplido chasqueó el aire y las confundió con una lejana bandada de gorriones. Un segundo después el viento, inspirando, las desparramó y se hicieron pirpintos, mariposas de luz blanca. Y cuando el viento se cansó explotaron y comenzaron a bajar, blanditas, columpiándose en el aire helado.

(¿Usted qué vio, Sebastián?)

28.7.07

1000

Acabo de ver que el contador de Visualizaciones del perfil de blogger dice "1000". Imagino que significa algo así como que estoy acompañada desde lejos (¿o cerca?), aunque a veces los lectores pasen aparentemente sin dejar rastro. ¡Espero que les guste volver de cuando en cuando a este blog que -como bien saben los vecinos- no se actualiza muy seguido: casa chica pero corazón grande!

Estoy exultando hoy un poquito. Acabo de estar un rato con mi hermana María Laura, de paso por Salta, y nos sacamos una foto. Estoy estrenando internet en casa (es posible que escriba ahora más seguido). Comencé recién un blog "sólo" para el voluntariado de El Pez Volador. Y todavía falta mucha parte del día. ¡Chau!

25.7.07

suavito

"Mi hijo me corrige y me dice que no es así, que se dice suavecito, pero para mí suavito es mejor, es más suavecito".

20.7.07

Hoy, Día del Amigo en Argentina

«Sabes que te deseo lo mejor», me dijo. Y yo a ti, amigo, muy sinceramente. ¡Feliz día!

13.7.07

Distintas versiones



He encontrado en Nuestro Tiempo la mixtura "ffi". ¡Maravilla de maravillas! Vinieron recuerdos de los rulos de metal en la Tour Eiffel, de descripciones de los guerreros Maassai, del brushing experto: me parece que son distintas versiones del mismo secreto.

29.6.07

Anastacio Mamaní

Anastacio Mamaní ya ha vuelto al cerro. El sol mañanero lo va saludando mientras sube el cortejo. Anoche lo velaron en la ciudad, con luz eléctica, bajo unos tules; pero el tufillo familiar de la leña lo acompañaba, y su mujercita y los hijos, llorando por dentro, y la gente del pueblo, arropada bajo mantas. Su madre lo hizo rezar como a los niños dormidos, trazándole la señal de la cruz: en la frente, el pecho, los hombros, los labios para dar un beso. Él mismo había rezado despacito: "Concédeme por su intercesión el favor que te pido: que Dios me perdone de mis pecados". En el hospital lo amortajaron como de casamiento. En el fondo los médicos ya sabían el final desde que abrieron, al ver, aparte de la infección, los rastros de la comida del minero, golpes de la vida, alguito más. Cerraron y dieron un calmante pero quién sabe si Anastacio distinguía el dolor. El día anterior estuvo trabajando y se sintió mal. Avisó al patrón y se fue hasta la salita de salud; le dieron allí un medicamento para los retorcijones por mala digestión. Volvió a su casilla pedaleando. Algo hubo de pasar para que lo llevaran al hospital grande, entre la oscuridad. Pero ya no es de noche y no hay neblina; la tierra de colores está abierta para recibirlo otra vez, al ritmo de las chajchas, la zampoña y la quena que suenan, suben y bajan por el cielo de la puna, invisibles, en medio del silencio.

17.6.07

Au revoir

Como sabes, mi blog no es muy sofisticado, sólo está hecho para la recherche por medio de la escritura y la comunicación.

Si fuera de verdad una bitácora debería contar más (y mejor):
- que empecé a marcar tarjeta por las mañanas (ahora soy empleada de planta del Ministerio de Educación),
- que comenzaré a dar un curso optativo en la universidad,
- que gracias a una certera indicación para el estilo espalda subí a 900 m mi marca para los 50' de nado,
- que ahora digo "pues" espontáneamente -esto es, como hace cualquier salteño-,
- tengo el corazón todavía lloroso por Alicia, la primera amiga de la infancia que se me va al cielo (aunque ya sé por qué justo triunfó Boca, qué cosa, esta Alicia sigue haciéndome reír...),
- que es una risa ser peatón en mi Salta querida y estoy viva aún sólo de milagro.
Recuerdo más cosas pero no las escribiré, que me da pudor.

Pero estoy en trance de tesis. El trance será laaaaargo así que debo ir probando alternativas. Sólo te aviso que intentaré no mirar el blog en unos días. Au revoir: pienso que volveré en dos semanas.

16.6.07

Un pez volador

Yo sólo copio:

Nadamos en el agua como peces contra la corriente, ésa es nuestra vida agitada en contra de las adversidades. Este pez que hoy les habla, saliendo de su mar conocido, experimentó sentimientos especiales cuando se le propuso intentar dar algo lindo a niñitos que, por el dolor de estar enfermos, tienen las caritas tristes, pero ante todo mantienen la esperanza.

Cuando me disponía a ir al Hospital de Niños consideraba tarea fácil lo que iba a hacer: ¡un cuentacuentos!; pero todo lo que creía se desvaneció en el momento en el que llegué al lugar. Tenía en mi cabeza elaborada una estrategia de acción, sobre una sólida visión de lo que esperaba lograr y con la convicción de tener lo necesario para completar la tarea; “tarea”, así llamaba a lo que iba a hacer. Un sentimiento raro me embargó de inmediato; quizá el ambiente frío y cálido a la vez cambió mi perspectiva, me sentí muy nervioso, no sabía ya qué hacía en el lugar. ¡Por fuera no mostraba mucho, creo! Dentro de mí las emociones eran ubicuas, fluidas y esquivas, y se me hace difícil enumerarlas; a pesar de ello identifiqué algo parecido al miedo, pero no porque considerara que el lugar era peligroso, sino porque me vi a mí mismo como fuego, ­que a veces es útil en el lugar adecuado y en el momento propicio, pero también puede ser perjudicial si se da en la situación equivocada y escapa a nuestro control­: este era mi miedo.

La tarea se transformó y no se definía ya como tal, se convirtió en interacción, en una relación de afecto que debía lograr establecer. Es aquí cuando entendí el objetivo de todo esto. No se trataba de ser bueno o malo, sino de estar con los otros, no para solucionar sus problemas -eso sería difícil, ya lo creo-, sino para acompañarlos: ése era el objetivo

Sabiendo que para los niños se necesitan argumentos de concreción inmediata, y toda la acción debía ir dirigida a darles seguridad psicológica y prospectivas existenciales tranquilizadoras, lograr que la aceptación de la realidad se abriera a los valores positivos de la vida, al optimismo, a la alegría de recibir aquello que nos toca, aunque sea malo. Todo ello me llevó a valorar lo que se puede lograr con sólo un poco de ingenio, con unos títeres, con actitud, templanza y ganas, además de habilidad, que fue lo que vi en mis compañeros -tal vez a mí me ganó el nerviosismo, porque cuando practicaba yo solo me salía bien, pero de alguna manera lo hice, lo mejor que pude en el Hospital-.

Al empezar la función, percibí en los niños una mirada de asombro hacia mi títere, tal vez por los colores y por su forma. En el transcurso del cuento que conté, vi chicos que sonreían, otros que no me prestaban gran atención, seguramente por sus edades, ya que nuestro público tenía muchos pequeñitos. A otros les parecía algo atrayente, aunque la situación en la que estaban, de obligada inmovilidad, los retenía; pero no se querían ir. Las sonrisas de otros, creo que conmovían de manera grandiosa, seguramente hasta a las personas más egoístas.

Comprendí que el débil enseña y aprende, que la negación o aceptación de la enfermedad son actitudes que pueden ir y venir, que es normal que uno rechace las limitaciones y sufrimientos, y que aceptarlos supone esfuerzo y virtud. Siguiendo con mi relato, al momento de la despedida, un niñito con síndrome de Down se acercó a mí y abrazó a mi títere, con tanta fuerza que sentí que yo era el abrazado. En ese momento contuve la respiración y sentí que estaba en el lugar indicado, y que lo que hacía, bien o mal, le servía a alguien, que con todos sus problemas estaba ahí dando cariño. Para mí fue increíble que personas en apariencia tan susceptibles me dieran una lección que me capacitó un poco más para vivir, a querer la vida un poco más. Vi mi creación abrigada por una criatura tierna que no sabe de malicia. Comprendí que se habían acortado las distancias entre sanos y enfermos, conocidos y desconocidos. Con cada sonrisa de los niños recordé el dicho: “Pon amor donde no hay amor y sacarás amor”.

Así fue un día de cuentos con lenguajes elementales y niños deleitándose. Seguramente dejaban volar la imaginación a partir de la magia que tenían inscriptas las palabras, satisfaciendo sus necesidades de fantasía. Los cuentos fueron breves, sencillos en sus argumentos y en el significado de las palabras. Aún los más pequeños consiguieron una inmersión en la belleza y el misterio del arte: de la música, de los títeres en movimiento. El tiempo que les pude dar fue un tiempo de juego, momento extraño en el que las normas de la vida se suspendieron y recreábamos un nuevo mundo con reglas alternativas, inventadas por nosotros.

Los peces no conocemos nada más allá de lo que somos y de donde somos. Pero algunos peces descubrimos que al hacer mucha fuerza se puede dar un salto y descubrir el riesgo de ver otro mundo; volar a la superficie, sentir cómo en el aire y en el mismo lugar dejamos nuestra huella, que, aún borrada, se ve, porque queda impresa en nosotros mismos.


C.P., 20 años
Voluntario de El Pez Volador

11.6.07

Sé que estás ahí

El silencio sólo puede ser inquietante si no hay confianza: de modo que puedes entrar y salir de aquí sin dejar rastro, ya lo sabes.

Confiaré del todo en ti.

(¡Qué gracia, escribir esto tan evidente!)

10.6.07

Avances

El viernes tuve una hora y media para volver sobre el índice de la tesis que había dejado en febrero. Avancé mucho e insistí sobre el impreso, pensando por la calle y garrapateando en el ómnibus. Estaba todo muy macerado. Estuve esta mañana sacando, sobre esa base, el añil de mis pensamientos, hasta que casi dolió. Me parece que el título ya es firme y que las direcciones generales están bien, y hablaré de ello este viernes; intentaré acordar una reunión para discutir mis tareas experimentales; ya sé a quiénes y qué preguntas haré esta semana por e-mail; debo ponerme, cuando pueda, con el material que me dio mi hermano sobre aleaciones.

Pero hay algo más importante: escribí, de modo provisional, brevemente y con primor, la página de agradecimientos de mi tesis. Sé que la conciencia que late ahí cultiva el árbol cuya semilla aún no conozco y que está creciendo, silencioso, en algún lugar bajo el sol calentito del cerro.

9.6.07

Paseo cultural

Ayer entré en un mercadito de mi ciudad y sin quererlo dí con el lugar donde se surten de condimentos todos los bolivianos que viven aquí. En medio del pasillo había un montón de mesas con gente comiendo: familias, parejas ensimismadas, grupos de amigos riendo, muchachitas. Me dio la impresión de estar en una especie de shopping o algo así.

Cuando pude recuperarme y comenzar a preguntar por mi objetivo ví que en algunos puestos, en medio de las pilas de especies, había unas piezas como de barro de las que se venden en la calle Murillo de La Paz para que usen los brujitos aimaras, canastas pequeñas con los elementos básicos para challar, papas deshidratadas, muchos tipos de habas. Más cosas que no sé decir qué son, pero puedo reconocer.

La señora del puesto 6 me enseñó la receta de la sopa de maní, tipica de Tarija. Puso en blanco los ojos al hablar de esa sopa pero coincidió en decir que es muy pesada: no sé si me atreveré a hacerla. Tal vez un día frío, como recuerdo de Chacaltalla...

2.6.07

Backstage

Me costó cuatro semanas escribir sobre Milagros.

Los primeros siete días tuve que luchar con el recuerdo de ese olor que no conocía antes pero comenzó a formarse, súbitamente, con la combinación de distintas sustancias, dándome cada vez ganas de llorar.

¿Cómo decir la magnitud del desastre de esta niña sin proferir (muchas) palabras chocantes?

Y sobre todo, la pregunta: ¿por qué me costó tanto mirarla a los ojos? Al cabo del tiempo encontré una respuesta para mí, aunque no la escribí. Me alegré de verdad por Milagros cuando hice mi pequeño descubrimiento; aunque no creo haber terminado de descifrar el enigma, claro.

Mayo fue una batidora y no me hacía tiempo para postear esta historia pequeñita. Pero por suerte ya escribí: poder poner en palabras fue interpretar, modelar la historia, dar forma al recuerdo con el que yo misma quise quedar.

29.5.07

Milagros

I. Totalmente inerme, hice que Lucas se me adelantara con paso lento. Esos ojitos, tan asustados como los míos, se escondían apuntando hacia abajo. (Milagros lee los corazones; pero me parece que no se da cuenta aún que tiene ese don). Cuando Lucas quedó justo delante, las dos tomamos valor y nos miramos. El títere cerró la boca y se dejó acariciar el rojo pelo por la mano de la niña, envuelta en una caperucita de tela marrón, sin dedos. Le hizo una reverencia y procedió a comer la mano sin más trámite, como hace con todos los chicos; Milagros se rió, dejando ver su traqueotomía. Y el rostro y otras partes chamuscadas. Dejé a Lucas hacer mientras me volvía el alma al cuerpo, lentamente. Milagros se dejó comer la mano con gesto de satisfacción; ahora le tocaba a ella jugar. (...) Regresé después del cuentacuentos, y esta vez la señora que cuida el niño de la cama de al lado me dijo que Milagros se había dormido, de tan cansada.

II. Qué alegría al verla de nuevo: ¡Hola, Milagros! Sin temor, sin trámites. (...) Le pedí que se sentara a mi lado en la función, y vino, muy animada. Se rió mucho con los cuentos e hizo el títere de pato con su mano sin forma. Me di cuenta que, enfrente, los alumnos que habían ido a observar la función estaban haciendo como magia para mirarla sin miedo y sin asombro. Pero sospecho que Lucas fue quien más disfrutó: durante días no paró de decirme que por favor, por favor, fuéramos de nuevo a que Milagros nos mirara un ratito.

27.5.07

Bendas (I)

Ahora tengo que salir picando: quedé con Euge y Cande en ir a la Balcarce a pasear. Pero intentaré contarte mañana en qué consisten las bendas que organiza mi sobrino Nacho.

(¡En realidad me parece que debería grabar una narración de esto para que entiendas! A veces los escritos son fuentes de malos entendidos. Confío que lo verás).

8.5.07

El charme no se compra

Tuve alumuerzo de trabajo con los voluntarios del Hospital de Niños. Mi invitación decía claramente "a la canasta", de modo que preparé para mí tres trozos de pan con queso, y una manzana (que al fin, por pudor, no saqué). A pleno sol, nos instalamos en una mesa del campus. Juntamos algunas monedas y compramos una bebida grande. Puse mi discreta provisión y lo mismo hicieron dos o tres. El resto, con inequívoco gesto, dijo que ya había comido, y comenzamos a hablar de todo, de los títeres, de las clases, del sol.
Lucas me dijo después que trató de ponerse una sonrisa a la altura de las circunstancias pero le costó mucho. Yo me puse también confidente con él: tuve envidia, yo también quisiera esa elegancia para los días de fiesta. Claro, tengo que aprender.

21.4.07

hoy

Hoy voy a verte de nuevo. Me estoy preparando.

17.4.07

Compré un libro

Compré un libro en internet para mi tesis. Me ilusionaba que llegara el correo un día cualquiera, como en Madrid, con el paquete… sólo que más lento, claro: lo compré en febrero y estamos en pleno abril.
Efectivamente, el sábado llegó el correo, pero para comenzar una especie de ceremonial o rendez-vouz: mi libro está en la aduana y debo rescatarlo de allí. Debo ir munida de la tarjeta bien formal que me dejaron, llena de datos, y mi pasaporte.
¡Me hizo tanta gracia ver tanto respeto, que entiendo tan perfectamente! No sé si logrará imaginar el lector: en primer lugar, un libro, un buen libro, y nuevo; en inglés; llegando desde el extranjero. No sé cómo me acostumbré tan rápido en Madrid a que hubiera libros así por todas partes.
Puedo hacerme un tiempo mañana tempranito; me vestiré con un poco de esmero e iré a la aduana. No es cuestión de andar despreciando la reverencia y cortesía del empleado que me atenderá. Y tampoco es cuestión de despreciar mis propios sentimientos: será mi primer libro comprado en Salta…

15.4.07

Ex-bebé prelingüístico

Estaba hablando a larga distancia con mi madre, y sonaba detrás la Pichulina, con su vocecita de pichoncito cantor: "¡Coni, Coni!". Parece que andaba con una foto mía.

Me la pusieron al teléfono. "¡Pichu, hola!". Silencio. Le soplaron: Decile a la Coni cómo se llama tu señorita. Es que la Pichu ya va a la guardería. Entonces comenzó a hablar y hablar, todo seguido, y yo por supuesto no entendía nada.

La novedad es que a la chiquita se le ha destrabado la lengua. Yo ya la había visto en enero "diciendo cosas" mientras jugábamos a tomar el té con unos cubos, así que no me sorprende. Todas las versiones juran que el día anterior la Pichulina había contestado, ante una propuesta (de comer o algo así), "No, tasia", lo cual fue interpretado unánimemente, por supuesto, como una educada negación.

Los cuentos fresquitos de la Pichu me servirán para ilustrar a Piaget dentro de tres semanas...

[Pilar, 23 meses]

12.4.07

Estos pelos

Recordé mucho a AnaCó hoy al salir de la peluquería, tan satisfecha. Acabo de saber que Ruth también estuvo en estas aventuras por estos mismos días, y no dejó de alegrarme la coincidencia. ¡No iba a cortarme el pelo desde noviembre! No lo veía tan mal, pero como ya se sabe que renovarse es vivir, pedí al peluquero que diera forma además de cortar las puntas, ... y que de ahí en más hiciera lo que le pareciera mejor: cerré los ojos y dejé hacer. Ahora estoy estrenando flequillo.

2.4.07

Trabajo conjunto

Estoy otra vez en el MAAM. Trabajé varias horas con Claudia, Analía, Luisa y Valeria: escribimos el resumen de un trabajo para un congreso. Desde el otro lado de los Andes estuvo presente Carolina, que es tambien autora de este trabajo conjunto. Seguiremos comunicándonos por mail.
Yo aprendí mucho hoy y me dio mucho gusto este rato. Ahora sólo espero que nos aprueben la propuesta los organizadores y lleguemos a colgar nuestro poster...

1.4.07

Crol

Me tiró al agua una tabla. Traté de evocar la primera, la última vez que usé tabla: no me acordé de nada. “Te apoyás con una mano en medio y vas con patada lateral. Sí, así”. La pared derecha iba pasando: una columna, otra más. Delfines, tortugas y tiburones iban por detrás, como una flecha, chapoteando, con rictus de dolor o cara de gloria. En los últimos metros de los cien no podía avanzar ni un centímetro y las piernas iban inevitablemente hacia abajo; llegué a la orilla y me apoyé sobre un chorro de agua caliente para desentumecer la espalda hasta que volvió la instructora. Venía de una mañana dura en el Ministerio y toda la tarde tuve atención de alumnos en la Universidad. “Muy bien. Vas de nuevo cien metros. Con este ejercicio tenés que lograr darte cuenta de cuál es la posición en la que tenés que sacar la cabeza para respirar”. Intenté traducir para mí: key words: posición supongo que del cuerpo; dominar la cabeza; respiración. “¿Apoyaste la cabeza en el hombro?”. No, me parece que no. ¿Así? “Sí. Adelante”. Voy a poner la misma mano en la tabla, y cuando vuelva pongo la otra. Sí, apoyando la cabeza queda el cuerpo bien extendido y es mejor. Llegué bien, y otros cien. “Ahora escuchame”. Atención. “Vas con una mano y das seis patadas. Uno, dos, tres…”. La instructora reproduce el movimiento del agua al contar, lentamente. “Pasás la cabeza por debajo [del agua] y apoyás la otra mano. Y uno, dos, tres…”. Otra vez. “Sacás la cabeza y respirás, y uno, dos, tres, … seis”. Ahí vamos. Al intentar pasar la cabeza debajo de la tabla tragué agua y me ahogué como los chiquitos. ¡Ea, a qué niveles estamos volviendo! ¡Tengo que aprender a respirar debajo del agua! Me parece que la instructora dijo que tomara aire con la nariz y soltara debajo con la boca. Vamos a probar: una amplia inspiración y me metí en el agua. Era imposible ir contando al mismo tiempo, de modo que confié en mi instinto para el ritmo y me concentré en inspirar arriba y soltar el aire con la boca. Tragué agua pero no me ahogaba, podía seguir y no salía del asombro. Al volver ya podía ver las líneas que marcan las calles debajo del agua. La instructora me hizo un gesto de aprobación. Cien metros más. Pensaba que aprender a respirar en el agua tal vez me ayude a tener más resistencia al cantar cuando llegué a la orilla. “¿Te has dado cuenta que así se nada crol?: uno, dos, tres…”. Vamos, sin tabla, a hacer caso: cómo es ahora esto del crol. Una brazada amplia, con el codo bien libre como me enseñó la otra instructora. Dos. Tres, y sale la cabeza a respirar… Y respiré como siempre he respirado en el crol, tomando aire con la boca. Abajo, soltando el aire despacito. Uno, dos, tres: arriba esta vez por el otro lado, el que nunca había salido, y tomar aire. El hombro se liberó como me dijo Raúl, el otro instructor, y gané lentitud en el movimiento. Uno, dos, tres… Aire. Izquierda otra vez; derecha arriba. Sin apenas esfuerzo llegué a la orilla y me sonreí. Recordé a mi madre llevando a su patito a nadar a lo del Señor Martínez, al fondo de la calle. No me había venido ese recuerdo en tanto tiempo. Regresé nadando igual, tomando el aire más profundo. En vez de la emoción del descubrimiento había ahora un gran cansancio. “Tenés un bonito estilo. Muy bien”. No importaba que respirara de otra forma: cada uno elige la que le viene bien. Ahora, a nadar espalda. Mirando las estrellas.

31.3.07

Te debo la visita

Estoy en el bar del Museo de Arqueología de Alta Montaña (MAAM): lo uso de oficina porque tiene internet wifi. Acabo de terminar y de enviar un resumen a un congreso, y me voy corriendo a casa. Pero antes te contaré a la corrida que pensaba ir de visiteo hoy a los vecinos de blog y, si era posible, dejar constancia de la pasadita con un comentario (aunque fuera un poco insustancial).
¡Me encanta el visiteo! Sobre todo el de la antigua usanza, el de la confianza: aquí lo llamamos "caer sin aviso" a ver cómo estás. Será otro día.

18.3.07

Verduras hervidas

Hoy aprendí que las verduras hervidas se pueden cocinar de dos maneras: selladas, o de frío a calor.

Las verduras selladas son las que se usan por ejemplo para las guarniciones. Se cocinan en un agua inicialmente muy caliente e inmediatamente se pasan por agua lo más fría posible, y se sirven secas. Así es como se conservan mejor las texturas y colores.

Las verduras de frío a caliente, por el contrario, se cocinan desde el vamos en agua fría, y esto favorece que los nutrientes "se expandan" por el líquido. (Me dijeron esto con palabras precisas, y también una explicación relacionada con la química de la interacción de las vitaminas de los vegetales con el agua que apenas logré retener). Como es lógico, lo mejor es favorecer la evaporación y por tanto no tapar la olla.

También aprendí que no toda sopa de verdura se llama jardinera. Depende de la técnica de corte: la jardinera, en dados, y la juliana, como su nombre lo indica, tiene verdura cortada en juliana. Varían las propiedades.

Yo por suerte al menos sabía manejar bien el cuchillo de cortar verdura; pero no conocía la mandolina, que me dio un poco de susto porque es muy agresiva (aunque muy útil, por lo mismo).


* Estas son sólo algunas ideas (no puedo aprender todo de una vez), que se aplican mutatis mutandis: según las verduras que utilices, el tamaño y medida de tus ollas, el tiempo disponible. También, por supuesto, el efecto que quieras lograr, sobre todo si cocinas para una dieta.

(Laurita, te puede servir esta info)

15.3.07

Je suis

-Je suis un renard, dit le renard.

(Le Petit Prince, 1943).

13.3.07

Cruzando los Andes

Ayer recibí una carta de Chile, y con ella una alegría inesperada.
Carolina, que me contactó hace un tiempo por la web, puso en práctica durante este verano algo parecido a nuestro teatro de títeres en el hospital de niños.
Además de quedar muy contenta con la experiencia, en la Universidad aprobaron su informe (es alumna de Psicología). ¡Felicitaciones!
Tengo que contarlo ahora a los Voluntarios de El Pez Volador y así la alegría será mayor.

25.2.07

Inédito

Escribiré un libro de agradecimientos o de dedicatorias. Será un lindo libro pero inédito, sin dudas.
(AnaCó, gracias por la idea).

18.2.07

Lo bueno de los viajes

Estoy de housekeeping en mi despachito: el corazón rondó y rondó sobre los papeles antiguos, y recordé a Belén, Mariela y Alicia cuando me despidieron en Tucumán: "Lo mejor de los viajes son los reencuentros. ¡Vuelve pronto!".

11.2.07

Piropeo

En Salta se conserva la costumbre de que los caballeros piropeen a las damas. No tengo claro qué significa para los varones esta forma gratuita de alabanza o encendida (y efímera) declaración de amor; sí sé que a mí me agradan los piropos las más de las veces, si parece que vienen de buena fuente y son amables. Pero nunca antes me pasó algo como lo que contaré y no creo que vuelva a suceder.
Yo estaba leyendo absorta al sol. El viejito alto de la plaza se me puso al lado de repente, bien de frente para llamar la atención, y con una sonrisa de niño travieso dijo decidido: “Señorita, usted es muy linda. ¡Muy linda! ¡La felicito!”. Me entró una risa incrédula mientras el viejito me daba la mano y seguía: “¡La felicito!”. Mientras yo sacaba un “Gracias” en medio de la risa veía cómo él levantaba las dos manos juntas hacia el cielo, sonriéndose aún más, sonriendo a las alturas, y se alejaba con signos de contento, cada vez más niño. Así se verá él, pensé: sólo me puede decir esto porque él mismo se siente lindo; y seguí leyendo. Sólo después recordé que desde hace unos meses en Salta hay voluntarios que se ocupan de asear y lavar la ropa de los mendigos, y me sonreí. Ya había asistido a la transformación de ese señor, marchito y huraño: primero de su camisa, inmaculada ahora y bien planchada; luego de su rostro, que se ablandó y comenzó a expresarse; hasta llegar, ya se ve, a su corazón: a que se atreva a tener unos ingenuos lances con las señoras.

27.1.07

Un burro de barro, justo hoy


En Bolivia conocí, hace años, muchos burros de verdad: rebuznando al amanecer al ir al trabajo, detrás del macizo y exagerado volumen de las cholitas; comiendo a mediodía, como toda gente decente; en medio de la maleza o de las flores haciendo distintas tareas. Pude ver también un bebé de burro con su piel brillante y suavísima, durante una escalada.
Esos burros con largo flequillo de La Paz no se me fueron de la memoria, y cuando necesité hacerlos presentes otra vez me animé a usar el barro para modelar.
La pobreza del material es adecuada; casi todos los burros que conocí estaban, de hecho, un poco cubiertos de barro después de haber trabajado unas horas. Sin auras románticas, los burros tienen esa misteriosa fuerza y delicadeza de las cosas vivas hechas con la tierra misma. ¡Si lo pienso, me da pena que mi barro no rebuzne!
Modelo sólo de vez en cuando, en algún mínimo y muy improvisado taller: una piedra de río, o como esta vez, una silla al sol. Siempre rompo o regalo las cosas que hago. A este chiquilín que ves en la mano le hice una foto para recordar el día de hoy.

21.1.07

Areguá porâ


Ayer fui a Areguá, un pueblito colonial cerca de Asunción. Las casas son todas bastante parecidas: con techo de varias capas (tejas, adobe, caña tacuara, tirantes de madera), suelos de ladrillo grande, amplias galerías que proyectan sombras hacia dentro, columnas de las que penden hamacas paraguayas.
No encuentro una palabra en español -que tal vez sí exista en guaraní, o quizás no, por exactamente el mismo motivo- capaz de expresar al mismo tiempo que algo es muy, muy grande y la sorpresa de que se trata justamente de una cosa conocida, para decirte el tamaño que tienen las hojas y las frondas de las plantas y los arboles. (Yo conozco bien la vegetación de un clima subtropical, pero no conocía el trópico). No tuve mas remedio que pedir a un señor que por favor me dejara cortar unas hojas de su higuera; sin una prueba visible cualquier cuento sobre estas enormidades sería increíble.
Y compré lo que llevaré a casa como recuerdo. A menos de un dolar consegué una chachî [se dice "shashí"]: sé por experiencia que les van bien los helechos silvestres, aunque aqué las usan para cultivar orquídeas. Es un trozo de tronco ahuecado de madera de cocotero (por eso en español chachî se traduce como "maceta de coco"): pura fibra vegetal que se impregna del agua que riegas y ventila todo el tiempo las raíces.